lunes, junio 20, 2022

Muchos años...

Muchos años han pasado, esta vez, demasiados. No sé si todavía me parezco a la que escribía de vez en vez en este lugar.
Por un momento, pensé en hacer el recuento en semanas, días y horas, pero creo que basta con decir que han pasado muchas lunas... ha pasado toda una vida. En aquellos años que dedicaba un poco de tiempo a escribir, no tenía manera de imaginar lo que el paso de los 30 a los 40 me tenía preparado y mucho menos lo que llegar casi a los 50 podía significar. Y bueno, tengo la intención de llevar una breve bitácora con letras y fotos de los días actuales.
Ejem... esta foto no es actual, pero siempre me gustó mucho.

domingo, noviembre 22, 2009

E L L O S

Encontré una pequeña caja de cartón arrumbada, ahí en el fondo del armario, estaba cubierta con pelusa del tiempo y polvo de recuerdos. Como soy curiosa, la tomé entre mis manos, me senté en el piso de parquet y sople sobre la tapa de cartón blanco antes de abrirla y descubrir su contenido.

¡Vaya sorpresa! En el interior trozos de tiempo atrapados en papel: fotos en blanco y negro, atemporales, listas para ser iluminadas con la imaginación, imágenes de todo tamaño: paisajes, bosques, lagos, casas, muchachos, muchachas, lugares que no conozco o no logro reconocer; sin embargo, cada estampa narra una historia armada con memorias mías, herencia de las largas charlas con los abuelos.

- ¿cuantos años tendrán estas fotografías? ¿Cincuenta años, quizás?

Pero basta mirarlas para notar lo bien conservadas que están, fueron puestas a salvo en su cofre de cartón y custodiadas por el cariño y amor de quien las colocó ahí, estoy segura.

Pasaba de una a otra postal, cuando encontré esa foto que me emocionó profundamente.

Él, tan guapo, “montado” en una barda, con las piernas colgando a cada lado, y esa sonrisa que los años hicieron aún más dulce.

Ella de pie a su lado, con un lindo vestido de flores, zapatos de tacón, recargada sobre la pierna de él, pero al mismo tiempo enganchada a su brazo, lo miraba... con esa mirada ¡enamorada!

- ¡qué jóvenes los dos!

No podría decir cuanto tiempo estuve viéndolos. No sé por cuanto tiempo pinté de verde los pinos, de ocre la tierra y caqui su camisa, de ella el vestido azul marino con flores blancas y sus labios de carmín.

¡Qué fascinación tan grande!

No pude, ya no pude dejar de verlos, tomé ese retrato para tenerlo a la mano, siempre cerca.

Devolví el resto de las fotografías, incluso las que ya no vi, a su caja.

- ¡Voy a comprarles un marco! ¿por qué no tengo un hermoso Petrof de cola para colocar su retrato sobre él y a un lado un jarrón que tenga siempre flores frescas?

¡Ay, pero que cosas tan tontas se me ocurren! Mira que pensar en un instrumento musical tan maravilloso sólo para poner un retrato encima. No pude evitar reír por dentro.

Lo mejor que atiné hacer fue buscar un libro, el primero que estuviera a la orilla de mi repisa, para colocar ahí la fotografía y protegerla, mientras me daba a la tarea de buscar un marco donde pudiera habitar ese instante mágico congelado por una cámara.

"Un viejo que leía novelas de amor", decía el título, - ¡Esto tiene que ser más que una coincidencia! - sonreí, me pareció casi adecuado.

Coloqué la foto entre las páginas 56 y 57 y puse el libro nuevamente en su lugar.

Esto que te cuento, sucedió hace varias semanas.

Pero la noche de anoche, sucedió algo; tomé el libro y lo abrí justo donde se separaban las hojas y… no vas a creer lo que vi.

La foto mostraba la barda, el patio, los frágiles pinos, todo en grises y el cielo sin azul, pero él y ella... ¡no estaban ahí!

Cerré el libro, asustada…

- No, es que no puede ser.

Apreté el libro contra mi pecho y caminé nerviosa hacia el pasillo, luego de regreso al estudio y otra vez al pasillo. Di varias vueltas, regresé, dejé el libro sobre el escritorio y busqué la cajetilla de cigarros, encendí uno y aspiré bien profundo. Me dejé caer sobre el sillón, volví a aspirar el humo y dejé el cigarro reposando sobre el cenicero. Con la mano derecha me cubrí los ojos, mi corazón latía muy fuerte.

Pasaron muchos minutos hasta que me sentí más tranquila. Encendí otro cigarro, por que el anterior se consumió completo. Me estiré para alcanzar a “Un viejo que leía novelas de amor” y volví a abrir el libro… Ellos aún no aparecían.

Creo que, como dos enamorados, él le ofreció su brazo y la invito a pasear por la selva de ese libro, entre encendidos colores, pájaros en libertad, naturaleza viva bajo un techo de nubes blancas y un cielo inmenso, celeste. ¡Es probable que hasta se hayan quitado los zapatos para sentir la hierba fresca bajo sus pies!

La verdad es que no he querido asomarme otra vez, seguro todavía les quedan muchas palabras por decirse entre esas páginas. La foto de la barda, los pinos y la puerta de madera todavía está entre la 56 y la 57, ahí voy a dejarla, con la esperanza de que encuentren el camino de regreso cuando ellos terminen su paseo.

"FIN"
MPain - Octubre 2009

miércoles, septiembre 02, 2009

No quiero llamarle por su nombre

Una noche se despertó del largo sueño en que la mantuve. Se quedó algunos días inmóvil pero consciente. Poco a poco estiró sus múltiples brazos, enredados y entumidos por tanta quietud, y se desató. Se talló todos y cada uno de sus ojos inflamados, hasta los de las rodillas que se quedaron ciegos una vez que cayó sobre la alfombra rocosa del páramo. Trató de peinarse con los dedos el cabello que estaba todo lleno de polvo pero, a cada cepillada, se le desprendían mechones de algodón y azúcar, torció su única boca: “no importa, ya volverá a crecer”. A pesar de ser tan ligera le tomó algunos días más ponerse de pie sobre sus pequeños pies descalzos y mugrosos, todavía, por las andanzas de antier.

Un rayo de sol y el frío de la madrugada hizo que su pálida piel de papel se erizara con el estremecimiento del choque que causa el frío con el calor… se estaba entibiando. Se sonó la nariz que estaba constipada de barro y volvió a llenarse del aroma que tiene la niñez madurada a fuerza de tiempo. Tomó una bocanada de aire, infló los cachetes y exhaló una larga neblina de tabaco viejo.

Antes, cuando ambas éramos jóvenes, sentí vergüenza de su estar a mi lado ¡maldita alimaña incrustada en mi piel! Lejos estaba de imaginar que ese bicho tóxico, no era más que una larva. Se alimentaba de mi sensibilidad de niña y del amor adolescente y febril de aquellas tardes para, después, infectar cada minuto que pasaba entre día y día, hasta hacerme suplicar por el antídoto.

Un día nefasto por descuido, los ojos terribles de la incomprensión se posaron sobre su desnudez, apenas cubierta por un velo de letras. Aquel incidente fue suficiente para hacer estallar el polvorín de miradas curiosas y espantadas que astillaron con rechazo a los más amados: “Deja de hacer y escribir tonterías”, decían, “te la pasas holgazaneando en lugar de hacer algo de provecho con tu vida” también sentenciaron.

Fue así que reuní las escasas fuerzas que quedaban después de la embestida y la recluí en aquel rincón, falsamente olvidado. Por años aventé con desdén migajas de bosque, besos guardados, tragos de nube, polvo de suspiros, tiras de luz y algunas rebanadas de luna con que alimentó su anémica existencia. No comprendo ¿Por qué, ahora, no se aleja de mí?

Aunque habían pasado algunos días desde que se levantó, dejó pasar un par de noches más antes de juntar suficiente determinación para andar, simplemente andar. Me dio gusto ver que empezaba a dar unos cuantos pasos temblorosos, No dije nada, tan sólo observé en silencio ¡qué más da si, como antes, no sabe a donde va! ¡qué más da si ni siquiera ha pensado en un destino! … o si lo perdió.

La conozco, “esa cosa” es como un perro fiel que me lame los ojos con saliva de alucinación. Se trepa en mí y vamos por la calle esquivando circunstancias tangibles; no da más opción. Me despierta gritando poemas que no alcanzo a escribir. Se aprovecha de la oscuridad cuando caen los párpados para encendernos la piel con obscenidad, que se pliega en la entrepierta dejando a la vista su punta. Se asoma a mis ojos y clava postales vivas en ellos; imágenes que sólo puedo guardar en el tapiz de mi cabeza. Se duele con mi alegría y muere de risa con mi melancolía. Exige la metamorfosis a unidad, nunca más separadas, nunca más dividida en dos.

Permaneció latente todo este tiempo y no, ya no quiero detenerla, tanto tiempo estuvo en el ángulo de las cosas que estorban y entorpecen que… ahora me duele ver su inseguridad ¡y su pequeñez sin extender!

MPain (mlr - 30 - Ago - 09)



Foto - Marie Pain

martes, julio 07, 2009

Delirio

Gota tras gota desencanto de perlas
vacías certezas
atraen sosiego
Enredo tu nombre alrededor del recuerdo,
collar ligero.

Por última vez
sostienen mis párpados la visión de ti…

Dulce brisa de olvido cobija el alma
embriaga el soplo
del tiempo ido
¡Preludio de Tormenta!
¡luz y sombra!
… delirio

















Photo by Marie Pain - July 2009

PALABRAS

Llegaron a mi sin previo aviso
y sin previo aviso mordisquearon
todas las horas, días y noches
de mis ojos de espejo despiertos.

Nos enredamos por todo el reloj
jugando al poeta haciendo el amor
con tan sólo un puñado de estrellas
y como veleta fuego interior

Hoy que las llamo no se descubren
y por mi cuenta busco un camino
¡verán que si! ¡que he aprendido!
¡Sanguijuelas de la inspiración!

(Mayo 12, 2009)















Photo by Marie Pain
Abril 2009

jueves, abril 02, 2009

La Tarántula

Otra vez el insomnio autoinflinglido me mantuvo hasta las 3 de la mañana cazando “simplezas”. Hora de dormir, me impongo. Pasillo, cuarto, cama. Me sumerjo en las sábanas hacia lo desconocido…


Mi vejiga exige relajarse, me dirijo, casi a tientas, hacia el cuarto de baño, busco el interruptor, ¡click! la luz tarda en encender, me siento en la taza de baño y dejo que mi vientre pierda tensión. La luz no acaba de tomar fuerza. Levanto la mirada y me doy cuenta que la humedad se ha llevado ya un buen pedazo de yeso alrededor del hueco donde debería estar del “spot”, en su lugar hay un foco, quizás de 50W, pendiendo del cable y a un costado, mis ojos se topan con algo. En un acto reflejo contengo la respiración y mis ojos se abren bastante más de lo normal. Exhalo muy despacio al mismo tiempo que relajo los párpados para enfocar mejor ¿tarántula? pregunta mi voz interna, esa que suena mejor en mi cabeza que al otro lado del auricular. Inquietud y curiosidad aumentan. Una consistente tela de araña está alrededor del foco, algunos hilos más están en la pared, colgando junto con la pintura azul que está a punto de caer pegada a otro pedazo de yeso. Mis ojos regresan a un costado del foco y… ¿está mirándome también? Mi ceño se frunce un poco. Tengo curiosidad, pero es más grande mi deseo de regresar a la cama. Lentamente me incorporo, me aseo sin quitar la mirada de aquel bicho que ¿me mira?, jalo la palanca del agua. Quiero dormir, ojalá mi mamá no la vea, me gustaría observarla a la luz del día, no creo que sea una tarántula.

¡Ah! ¿Otra vez? Nuevamente el deseo de orinar me saca de un plácido descanso. Debe ser de madrugada por que la luz de afuera es débil todavía, engañosa, al amanecer o al anochecer es la misma.

Aunque el domo blanco del cuarto de baño se ha iluminado sin ganas, sigo el ritual: busco el interruptor, ¡click! y la luz tarda en encender, me siento en la taza de baño y la tensión de mi vientre disminuye. Entonces, la presiento, producto de un flashazo en la memoria corta ¡casi había olvidado el detalle! Levanto la mirada y la clavo de inmediato en el hueco alrededor del foco. Ahí está, en la misma posición que mantenía hace unas horas, mirando hacia abajo, “pinche bicho vouyerista, ¡impúdico!”.

No hago ninguna expresión ni facial ni vocal… “Voy a buscar un palo de escoba para bajarte de ahí”; “Esas cosas no son venenosas ¿verdad?”; me pregunto a mí misma sin desviar la mirada. Con la poca luz externa y la del foco alcanzo a distinguir cuatro de sus ocho patas, dos de cada lado. “¿Estará dormida?”, “¿Cómo saberlo si esos animalejos no tienen párpados?”, “¿Cómo la bajo de ahí?”.

No sé en que momento dejé de orinar. Me apresuro con el resto del ritual y me cercioro que la puerta esté bien cerrada. Entonces doy un salto al amplio mueble del lavabo. “Me voy a quedar aquí sentada sin moverme, quiero ver si das señales de vida”.

El domo traga más luz ahora y los pequeños mosaicos blancos se distinguen con mayor claridad, la puerta de la regadera, la toalla mal colgada, el tapete y la taza de baño que acabo de usar y, si, ella en la misma posición junto al foco. Giro la cabeza hacia la derecha, hacia la puerta, apuntando mis sentidos hacia afuera. Mi mamá debe estar planchando, conozco tan bien sus pasos cuando van al otro lado del pasillo que, puedo saber con mucha certeza, que no está cerca. No corremos peligro de alguna acción precipitada en contra del arácnido. Regreso la cabeza, la mirada, para buscarla a "ella" pero… “¡Demonios!” “¿En qué momento hizo esto?”. Un blanco cordel, sedoso, tenso y resistente, se ha pegado en mi ropa, justo en el centro de mi pecho. Taquicardia, No me muevo ni un milímetro, mis ojos, sólo mi ojos siguen la trayectoria hasta el otro extremo de ese hilo. ¡Ha salido de su madriguera!. Se muestra completa con su cuerpo peludo y sus ocho patas bien pegadas al techo. Inhalo profundo y exhalo despacio. Bajo la mirada lentamente para calcular el movimiento que debo hacer.

Levanto la mano derecha y la dirijo a mi pecho, cierro el puño agarrando el incómodo cordel que nos conecta, extiendo despacio el brazo, muy despacio para quitármelo de encima. Cuando mi brazo está casi extendido por completo, vuelvo a levantar la mirada y la descubro a más de la mitad de la cuerda. Pulsaciones aceleradas. Como si se supiera descubierta y antes de que yo pudiera reaccionar, se mueve con brusquedad y se instala en mi hombro izquierdo. Se queda inmóvil, nos quedamos inmóviles, ni un solo movimiento. La adrenalina corre por mi sangre, me paraliza y me aturde con ideas que empiezan a burbujear en mi cabeza.

De reojo alcanzo a verla estática sobre mi hombro. Pequeña alimaña parda, de patas gruesas, peludas, semi-dobladas. El corazón acelerado exige oxigeno y yo no se lo proporciono, hago mi respiración tan lenta como me es posible, casi imperceptible, no quiero que se de cuenta de cuanto me inquieta.

No se ha movido ni un milímetro, sigue prendida en mi hombro, y tengo la sensación de que quiere incrustarse hasta traspasar la ropa, hasta clavarse en mi piel.

La falta de aire me marea. No quiero que mi mamá la vea, que nos encuentre así. No quiero que se asuste.

Aunque la agitación interna es enorme, soy capaz de dominar mis movimientos, apoyo ambas manos sobre el mueble en el que he permanecido sentada, no sé cuanto tiempo, y me deslizo suavemente hasta colocar mis pies en el piso. Empiezo a caminar hacia la puerta, pausadamente, muy consciente del movimiento de mis piernas entre paso y paso.

“¿Qué día es hoy?”. La respuesta viene de fuera con un lejano taconeo que llega subiendo la escalera. ¡Mina! deletrean mis labios sin emitir sonido; la conexión ha sido infalible hasta ahora, aparece ella de la misma forma como reapareció en mi vida, inesperadamente.

Me sostengo del picaporte un par de segundos y empujo la puerta. Me toma por sorpresa la luminosidad del día filtrándose, a través de la ventana, por la delgada cortina de gasa. Apenas he dado tres pasos más cuando el taconeo se detiene a un par de metros, su expresión radiante cambia al ver la mía - “¿qué sucede?”.

Mina camina hacia mi con paso seguro, pero se detiene al verme avanzar con ese movimiento ridículo, como de cámara lenta; doy tres pasos más hacia la ventana y le digo con calma - “Sobre mi hombro”.

Detrás de sus lentes, veo sus ojos obscuros abrirse en toda su amplitud. Emite un ¡Ahhh! involuntario que se mete por su garganta y cierra los labios para guardar el aire. -“Ayúdame a quitarla”- le digo en un susurro. Transcurren angustiosos segundos que se estacionan uno a uno en su rostro que se ha puesto pálido.

-“Espera”- responde mientras busca en su bolsa algo, sin quitarnos la vista de encima. Saca un pañuelo blanco de tela que extiende y acomoda en su mano. Casi no puedo creer lo que está a punto de hacer.

-… pero, tú tienes aracnofobia.
- Si - me contesta en un tono más que seco.

Nos movemos, Mina hacia mi, yo hacia la ventana y la araña… ¡pinche animal inteligente! Ha empezado a moverse. Como si imitara mi propio caminar, arrastra cada una de sus patas, con movimientos pesados, los pelillos que cubren sus extremidades y su cuerpo cosquillean en mi nuca, me hace temblar y provoca que la piel de mi cuerpo se erice toda. Ya no puedo verla, pero la siento debajo de mi cabello ¡Se ha escondido la muy cabrona!

Mina se acerca y mete la mano bajo mi pelo, con cuidado, despacio, pero sin dudar. Pánico controlado detrás del cristal de sus anteojos. Totalmente pasiva, me Imagino como la envuelve con el pañuelo, entre sus dedos e intenta jalarla, pero “ella” se aferra a un delgado mechón de mi cabello. Pausa. En un nuevo intento accede a ser quitada.

- ¿Ya?
- Si… es que, no se trataba de arrancarla, sino de negociarlo con ella – me dice con entonación casi sarcástica - ¿qué hago? – me pregunta ahora con un claro gesto de susto y repulsión.

- Dámela.

La tarántula ha quedado envuelta en el inmaculado trozo de tela. Con mi mano izquierda tomo los cuatro extremos del pañuelo para formar una bolsa. Todavía sin mover el resto del cuerpo, levanto el brazo derecho, con la palma de la mano extendida hacia arriba, y coloco el bulto, que no pesa, sobre ella. Abro los dedos de la mano izquierda y las cuatro puntas del pañuelo caen.

Aparece, “ella”, con su cuerpo de terciopelo oscuro, sus patas velludas y arqueadas, con la cabeza dirigida hacia mi, frente a frente.

Algo en lo más profundo de mí se conmovió al mirarla tan de cerca, era como si estuviera a punto de establecerse una comunicación primitiva. Me estremeció la ternura reflejada en sus múltiples ojos de obsidiana pulida, ocho puntitos de luz apuntando hacia mí, diciéndome… algo inexplicable en palabras.

¡No, no! ¡Simplemente no pude soportar un dejo de ternura en un animal tan grotesco!

Un choque de emociones internas calentó mi sangre hasta el rubor ¡tuve ganas de cerrar el puño con todas mis fuerzas para apretarla hasta escucharla crujir, hasta que sus fluidos se escurrieran por mi mano! Es que la sola idea de un sentimiento mutuo con un insecto tan nefasto, era insoportable.

Debió presentir mi impulso por que corrió por mi brazo, brincó a la cortina y se quedó ahí.

Después del sobresalto, me acerqué y nos volvimos a mirar, sin desafíos, sin miedo, de sus ocho a mis dos había intensa curiosidad y asombro… “¿qué me pasa?” “¡ay arañita! No puedo dejarte viva!”

“Probablemente pensarás: ¡qué manera tan humana de pagar un poco de curiosidad incomprendida! pero ¿qué más puedo hacer? “



"...Ahora me siento casi libre del estremecimiento, de la angustiosa exitación que su caminar sobre mi piel, provocó. Pero yo... yo hubiera podido meterla a mi boca en un acto intimo de amor y sensualidad..."

jueves, marzo 12, 2009

CHAI

Hace algunos meses “descubrí” el Te Chai, una rica mezcla de especias que sueltan su esencia en agua y que se complementa con un chorrito de leche.

Una bebida aromática, sugerente y bondadosa, me atrevería a decir que casi es benigna para el alma. Hay ocasiones, como hoy que ¡Quisiera bebérmelo todo, de un solo trago!

Pero miro el contenedor y hago un esfuerzo por no hacerlo así.

Tomo muy despacio un sorbo y lo mantengo en mi boca, imagino que mi lengua se convierte en un pez pequeño que juega en ese entorno, en su textura, su temperatura, se agita y remueve su delicado sabor tratando de adivinar en que ingrediente reside la magia ¡Alquimia que fascina mi gusto!

Pasan sólo unos segundos antes de que la infusión emprenda su camino por el obscuro túnel de mi garganta. Es un instante breve, si, pero suficiente para dejar impregnado su rico sabor y perfume en mi paladar.

Una mustia sonrisa, apenas un botón, florece en mis labios. Vuelvo a dosificar el líquido con otro sorbo, dejo que mis sentidos cavilen entre distintas emociones; el imaginario animalito acuático sigue aleteando entre cardomomo, jengibre, canela y anís; ansioso reparte la bebida en traguitos que caen dentro de mí, hasta que desaparecen de mi boca.

Respiro profundo, con alivio, casi como si de un suspiro se tratara… porque sè que aún puedo saborearlo. Más que una certeza, me invade algo parecido al presentimiento, al mirar nuevamente el recipiente, todavía queda bálsamo bebible.

No se cuantos sorbitos más queden, lo único que se me ocurre es racionarlo hasta donde sea posible… con el deseo de que dure mucho tiempo.

mPain - Mzo 2009


Té en el Sahara (contigo)


martes, marzo 10, 2009

iPod a las 02:30 AM

Breve... contundente.

The Organ - Sinking Hearts

lunes, marzo 09, 2009

Sin justificaciones... pero

Este blog, que tanto tiempo estuvo abandonado, ahora se destiñe un poco.

Le estoy dando un giro para dar paso tanto a claridad como a oscuridad, dos amigas mías que sazonan bien la aburrida cotidianeidad.

Les comparto pues un ¿cuento?, que armé con frases sueltas anotadas en distintos momentos a lo largo de los últimos meses.

Saludos Cordiales,

MP

FRACTURADO

Lleva largo tiempo repasando mentalmente la escena de aquel encuentro furtivo, segmento por segmento: cada palabra, cada sonido, cada roce… la luz del sol cayéndoles sobre el rostro, haciendo innegable la realidad del suceso. Y ese guiño encantador e indescriptible que, en realidad, presagiaba el principio del fin.

Golpecitos sobre el vidrio de la ventana le hacen regresar al silencio de su habitación, ha empezado a llover con desgano. Tanta quietud se hace insoportable, serenidad paradójica, que sólo trae consigo ansiedad y una fuerte opresión que le fractura el pecho.

Se bebe el último sorbo de alcohol y coloca el vaso vacío sobre el buró. Enciende el penúltimo cigarro de la cajetilla. Se deja caer suavemente sobre la soledad de su cama.

La profunda bocanada distiende sus pulmones y sus falsas alas, se eleva en un vuelo casi placentero, hacia el interior, donde reside lo innombrable de sus deseos.

Incapaz de articular la voluntad, permanece inmóvil, se convierte en suicida que va narrando su propia muerte, describiendo obsesivamente el entorno, aumentando detalles, alargando el tiempo, la agonía.

Tiene la sensación que todo ha sido un sueño muy vívido, o, posiblemente, tan sólo se trate sólo de un recuerdo muy viejo.

Una brasa le quema el dorso de la mano y el dolor se transforma en ira. Sus ojos se clavan en los ojos del espejo que le miran con saña y responde con una sonrisa torcida.

¡Ahora quiere ser como el asesino que planea meticulosamente y cuadro por cuadro la manera más efectiva de acabarlo todo!

Repentinamente, sabe que hacer.

Texto y foto - Marie Pain 2009

viernes, marzo 06, 2009

Esta noche me hubiera gustado escribir una canción

Marie Pain me llamaron juguetonamente en la adolescencia, sin saber lo agridulce del sobrenombre, dolor en inglés, pan en francés.

Amo la música de una manera entrañable… así, tal cual, desde las entrañas.

Esta noche quise tomar una guitarra, cerrar los ojos y que las notas fluyeran formando una tonada, pero, no supe como hacerlo; entonces recordé que nunca lo he sabido y sentí pena. Recordé la música y las palabras de otros, encontré una canción que hoy, parece escrita para mí, pero no fue posible colocarla en el espacio vacío de este sitio.

A estas horas, otra vez a estas horas del nuevo día que todavía no amanece, no tuve otra opción más que enfrentarme, a la hoja en blanco, a la tinta y el papel imaginarios que se despliegan en mi computadora para escribir.

Hace horas que las bocinas del transmisor callan y yo sigo escuchando la misma canción repetirse una y otra vez en mi cabeza, en algún recoveco del alma, vibra en la piel, en las letras que ahora mismo escribo. Una y otra vez con ritmo de poesía, una y otra vez como murmullo de una canción de cuna… y, por ratos, tan fuerte e intensa como un himno de batalla.

Demasiada calma, demasiado silencio que acentúan el canto marcial aquí dentro, bélico en sus notas y en su forma, para apresurar la marcha del recluta hacia la cruel lucha entre la conciencia y la inconsciencia.

El frio nocturnal cala los huesos y, sin embargo, la sangre fluye tibia y liviana mientras la luna vuelve a crecer, intensa, luminosa, noche tras noche. La contemplo sin decir nada, a nadie… tan sólo contengo un aullido antes de la luna nueva.

Un nuevo ciclo.

Foto - Marie Pain
Febrero 7, 2009

viernes, febrero 27, 2009

Llueve en Hojas

Sentada en el campo, ella, un tanto desgarbada, con un viejo libro abierto, recargado en su regazo. Sus ojos se pasean por las letras ceñidas en el papel, líneas atadas palabra tras palabra.

Da vuelta a la página en un reflejo automático, recorre de izquierda a derecha, su rostro no refleja ninguna emoción, pasa el tiempo martillando con su mirada cada episodio.

Una suave brisa le hace sostener la página que estuvo a punto de virar antes de tiempo. No levanta la mirada, continua su lectura, absorta; pero hace rato que ya no está leyendo en realidad.

Una ventisca firme en su intención, desabotona un raudal de hojas matizadas con ocre; le llueven encima.

Levanta la mirada del libro. Mira el paisaje ¡tan hermoso y claro! que necesita entrecerrar los ojos para enfocar luz, colores y siluetas.

El batir pausado y constante en su pecho se hace arrítmico.

Algo en sus oídos se reactiva, aumenta en intensidad, cada movimiento se hace audible vuelve a escuchar. Los pájaros trinan ¿cantarán o hablarán a sus espaldas?

Entre las hojas se filtran algunos rayos de sol que le tocan la piel, le acarician con calidez, tiembla. Olfatea, esencias manifiestas, hierba, frutas, tierra, humedad, viento nuevo.

Sobre ella más hojas caen; entonces, aún asombrada por el resplandor del día, con lentitud gira, levanta la mirada: un árbol magnífico, frondoso, balanceándose con suavidad, cadencioso, agita sus extremidades y parece ¡tan vivo! Le invita a levantarse, a andar.

Su propio corazón se lo dice: ella también está viva.



Photo By Marie Pain - Feb. 6, 2009

miércoles, enero 28, 2009

Loosing Pain


ESA OTRA YO


Mi alter ego perdió brújula estos días

se le mira lánguida y, si, menguante

como nuestra pálida amante, la luna.


Esa otra yo va ondulante a ningún lado

se desnaturaliza, se desfigura;

media vida celándonos mutuamente,

y hoy ausente ya no sé si desterrarla

o perseguirla y reencarnarla en mi entraña.


¡Que se vaya, que me deje! ¡no me arrastres!

otra vez

Espera,

Tu acentúas mis simples consonancias

¡Te desdoblas y trastornas mis euritmias!


¿Qué hacer?

viernes, enero 02, 2009

Soñé que soñaba...


Soñé a una mujer que soñaba una historia… y deseaba contarla a quien la escuchara.
Habla palabras al viento:


“Una niña pequeña y solitaria pide al cielo que le de un trenecito… Tiene tantas ganas de verlo correr por su tierra amada, bajo el cielo azul irreal. Quiere construirle pequeñas vías subiendo y bajando las colinas secas, polvosas, que sólo el viento roza. Lo quiere ver pasar entre las ramas secas del árbol viejo… ¡que importa que el sol abrase a la niña y al tren en el desierto!“


La mujer calla. Silencio, solo silencio. Congela la imagen, pausa la historia. El corazón en alerta espera la voz muda, una señal.


Cronos en los sueños es tan embustero como en la realidad. Pudieron pasar horas, o sólo un par de minutos; finalmente, otra mujer, que no es más que ella misma, responde a la distancia con una pregunta…


“¿dime que sucedió, tuvo su tren la niña?”


El corazón de la soñadora se alegra al recibir respuesta, negándose a creer que le habla su propia necesidad, quizás no está tan sola.


(se) Responde:


“La niña caminó de regreso a casa, atravesando un atardecer hermoso pero opaco, esperando encontrar el trenecito en su camino… Antes del anochecer, encontró una rana, a la que miró largamente antes de tomarla en sus manos.”


miércoles, junio 18, 2008

¿Y el pescadito?

Hace mucho, pero mucho que no escribo. Puedo poner varias justificaciones pero al final sonarían como vanos pretextos. Lo cierto es que no me han faltado temas, desde el debraye más profundo acerca de mi misión en este mundo, mi lugar en el universo, hasta la “rorra de los tamales” que cada mañana me sorprende con su atuendo y su actitud.

Pero no, hoy encuentro divertido dedicar un tiempito a una francesita de la que, si soy muy franca, desconozco su biografía, pero lo que si sé es que cautivó a una considerable audiencia, inicialmente local gracias a uno de esos programas descubridores de “Talentos”, para después conquistar audiencias internacionales. Y Alizita, sé que lo sabes, pero me encanta ponerlo por escrito: Seguirías por ahí cantando en discotecas (europeas eso sí) de no ser por el amo de la fama instantánea Youtube … ah bueno claro! Sería injusto quitarle mérito a tu meneito, que desde entonces ha sido imitado y jamás igualado.

Bueno, la cuestión aquí es que Alizeé se convirtió en el objeto de deseo de muuuuuuchos (y muchas), en especial en México, donde es bien conocido el pequeño percance durante una firma de autógrafos que no se realizó por que muchos fans de todas las edades, especialmente pubertos escoltados por sus papás, que seguro también esperaban obtener lo suyito, se salieron de control y ¡chin! No’más se quedaron con las ganas. Para compensar, Frenchie Girl prometió regresar a hacer presentaciones en vivo y como era de esperarse muchos sintieron la emoción y la cosquilla de ver en carnita y hueso, a “la Lolita” del nuevo siglo; ¡ufff! con un poco de suerte hasta una calenturienta pero muy sentida declaración de amor podrían hacerle… Voulez-vous coucher avec moi, ce soir?

No están para saberlo, pero por maravillosas cosas de la vida, durante el último año, he tenido la suerte de asistir a diversos eventos en vivo, y la noche de anoche me colé por un momento en el coloso de reforma para viborear, er, quise decir observar el show de Alizeé, además tuve la suerte de presenciar la interpretación de su más grande éxito “J’en ai marre” que en su coro dice “Dame Pelusa… Yo quiero Pelusa”… o algo así (Octavio®). La cosa es que Alizeé apareció envuelta en una tela a modo de vestido… calcetas y tenis de goma. ¡Uuuuy! ¡Que mal! Estoy segura que un altísimo porcentaje de los asistentes hubieran querido verla con algo más entalladito. Pero, psss… ¡que más da! el público mexicano es benevolente y entregado. ¡No importa! ¡Qué baile! ¡Que baile! ¡Que baile! Y… ¿que creen? ¡Pues no bailó!

¿Habrá sido que la altura de la ciudad no le sentó bien? O ¿será que la presión de sentirse observada por 10,000 pares de ojos, todos juntitos en el Auditorio Nacional la inhibió? La realidad es que no hubo nada de Pelusa por aquí ni pelusa por allá, media canción se la pasó sentada y media caminando.

Tuve un sentimiento burlón mezclado con ternura cuando miré al público, muchas caritas, masculinas mayoritariamente, tenían ese brillito en los ojos, como de pensamiento non-santo a punto de concretarse; pero se acabó la canción y no ocurrió la magia, la fantasía no brincó a la realidad. Cabe mencionar que no vi todo el concierto pero supongo que esas ansias no cuajaron.

Señoras y señores, muchachos y muchachas, niños y niñas… ¡No todas son Madonna! Han pasado casi 5 años desde aquel video del trajecito negro, no es tanto tiempo pero a la ex - lolita ya le pasó encima un matrimonio, un embarazó y un crío. No me digan que ¿en verdad esperaban ver al pescadito en la nacha haciendo burbujas de amor bajo la luna?.
Supongo que, uno, como persona en general, quisiera que las cosas que más le gustan permanecieran por siempre en un estado ideal. Sería bonito si fuera posible. Lo importante es no dejar de ejercitar la imaginación.






sábado, octubre 13, 2007

N E L . . .

Kyoko Fukada - Kirameki no Shunkan

viernes, octubre 12, 2007

¿La Chinita es Adoptada?

Vagando ociosamente por la red (rete-raro que yo haga algo asi...), me encontré con una de esas herramienta virtuales, que son fantásticas, inútiles e irresistibles:

MyHeritage, una página de internet que te ofrece un analisis facial para comparar tus rasgos con los de alguna celebridad.

¿Pos quien se resiste? Según este programucho, con un 96% de similitud, la actriz y cantante Kyoko Fukada es casi casi mi hermana gemela perdida, de la cual me separaron al nacer... uhmmmm.

No es la primera vez que me dicen que tengo rasgos orientales, pero yo insisto, ¿De donde chingados me ven lo china? ... ¡mecachis!

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lunes, julio 30, 2007

...Caca


Verán… lo pensé mucho antes de escribir este blog. Y es que el tema no es muy ortodoxo, sin embargo, estoy segura que todos lo conocen bien y que alguna vez han caído en él.

Desde hace algunas semanas, me he percatado que las conversaciones con mis amistades allegadas, en algún momento, tocan el tema de la caca. (¡ni modo, las cosas como son!)

Yo no sé que tan común sea, pero por alguna razón que todavía no entiendo (psicólogos y filosofos se solicita su opinión, seguro Freud tiene varias respuestas), con demasiada frecuencia acabo/acabamos platicando de la natural necesidad fisiológica que es defecar y, por supuesto, todo lo que en su entorno se desarrolla.

No voy a entrar en detalles, además, ni falta hace por que a todos "nos han platicado" de malestares estomacales que gimen a media junta de trabajo, fugas inesperadas de gases tóxicos que invaden los espacios menos adecuados, sanitarios de acústica impresionante, ausencia de papel sanitario, incómodos residuos, descubrimientos bestiales en inodoros públicos, etc, etc, etc.

¿y que me dicen de las actividades adicionales como son la lectura, “el tabaquismo”, la meditación, o el manicure entre otras?

La cuestión es que sin duda es una necesidad y en muchismas ocasiones un alivio que nos hace sentir ligeros.

Una disculpa si por ahí se coló un lector hipersensible, de ninguna manera es mi intención herir susceptibilidades. Ni pretendo que sientan que los estoy improvisando como terapeutas (¿o si?), pero en verdad me gustaría saber sus opiniones y comentarios acerca de "la caca en el entorno social del ser humano".

Por cierto, aquí debo forzosamente abrir un espacio para mencionar la valiosa aportación de un talentosísimo músico-filosofo-loco amigo mío, quien ha enriquecido el siguiente análisis. Asi pues, de manera virtual, cedo unas lìneas de este humilde blog al Mtro Mazo:

“Creo que hay pocos temas tan atinados para romper el hielo, sobre todo entre hombres con claras tendencias a la "cábula". El tan socorrido tema nos da una idea de cómo es la otra persona: "uno es lo que come", reza el proverbio, aunque esto no siempre sea cierto... (he tenido el disgusto de conocer gente muy méndiga, pero eso sí, que come muy sano)”

El Nutria´s Calling (llamado de la nutria) también puede prestarse para sacar (sin albur) una linda colección de expresiones que ya se presumen (también sin albur) clásicas:

- "voy a tirar al topo"
- "me voy a echar unos lodos"
- "si no llego se me cae la cartera"
- "voy a enseñar a nadar a la rata (o nutria)"
- "me voy a partir en dos"
-"voy a echar a un amigo de cabeza"
- "a cambiarle el agua a los frijoles"
-"Voy a descomer" etc

O hasta para embarrar al distraido:
- "Ora vengo, vas a tener un hermanito"

... la onda es que la "calabaza" será siempre un tema que tendremos presente nos guste o no; hasta los cuentos infantiles modernos como Shrek nos habla de la importancia del "mejor afuera que adentro" (sí, sí, ya sé que se habla de una flatulencia pero ya no quiero sacar más ejemplos a relucir)

Marie Pain, pues te dejo con un bello pensamiento de gran valor literario:

"No hay placer más exquisito que cagar bien despacito,
ni placer más delicado que después de haber cagado"


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¿Un experto en la materia fecal no creen? Maestro Mazo! ¡eres grande! gracias por tu aportación!
En fin, espero sus comentarios!

jueves, julio 12, 2007

YO TENIA MEMORIA DE ELEFANTE

Antes me dedicaba a coleccionar todo tipo de datos, imágenes, recuerdos y montones de cosas en mi cabeza… y también en alguna parte de mi sistema sensible.


Por cierto, ¿alguien sabe donde se generan los sentimientos? Científicos han tratado de explicar que en el cerebro, el hipotalamo, por conexiones nerviosas, “chispazos” de electricidad y reacciones neuroquímicas . Los poetas y el público en general dicen que en el corazón, en el alma. Mi idea es que cada vez que tengo una emoción fuerte yo lo “siento” en las tripas.

En fin, volviendo a lo de la memoria, yo era capaz de recordar con bastante detalle muchas experiencias y cosas aprendidas a lo largo de mi vida; pero resulta que de unos años para acá, mis recuerdos se han diluido mucho.

Para alguien como yo que durante años no pude saltar algunas etapas; el olvido parecería algo muy sano, casi un alivio.

Las malas experiencias pueden irse mucho a … pues ¡al carajo! Total que más da ¡caput! ¡arrivedercci! ¡bye bye baby!

Sin embargo, me da una inmensa tristeza no poder revivir los buenos recuerdos con sus correspondientes apasionadas emociones.

Hoy alguien me recordó una tarde de manos entrelazadas… y ¿saben? Lo único que saltó en mi memoria fue una imagen difusa. ¡Ouch! Antes podía abrir un álbum (también el de mi cabeza, como dijeran los Aterciopelados) y transportarme con mucha claridad al momento.

Ahora, cuando abro el baúl de los recuerdos, que dicho sea de paso también puede ser una caja de Pandora, la mayoría de las veces sólo “tengo un vago sentimentalismo, dulce y triste pero viejo…” Ya no puedo recordar con nitidez ni revivir con intensidad el pre – durante – post de esas imágenes. En otras palabras, nostalgia de saber que mucho de lo que guardé era importante para mi.

¡Uff! Creo que finalmente fui hallada por la fórmula para vivir intensamente el HOY.

lunes, junio 04, 2007

Mis primeras palabras... en Viernes


Para "el amor mío" que da azuquitar a los colibríes.


¡…Uta! El sonido del celular personificando un despertador por las mañanas es de las cosas que se adhieren y taladran mi subconsciente diariamente; es más, sin problema puedo evocar, en este preciso momento, la tonadita boba que escogí para despertarme diariamente… en fin.


Había callado por lo menos 3 veces el despertador para estirar los 5 minutos más en la cama, cuando sucedió una "nadería" extraordinaria.


Un pájaro, con un trinar tan hermoso, fuerte y nítido me hizo pensar que algún canario se había escapado de la jaula, pero conforme se desvanecía la somnolencia de viernes y recuperaba el control sobre mi razonamiento, percibí que el canto venía de fuera, del árbol en mi patio.


Mis primeras 3 palabras hoy fueron: "¿ya escuchaste mamá?"


Su respuesta fue: "Si… ¡qué bonito!" "Mi bisabuela decía que cuando cantaba ese pájaro es por que va a hacer mucho aire"... La verdad es que ya no me acuerdo si esa es la tonada."


Mi tatarabuela nunca aprendió a leer ni escribir pero: sabía la hora por la posición del sol; subía al monte a buscar yerbas para curar el dolor de "panza" o quitar la fiebre; podía predecir el clima mirando al cielo; en invierno era capaz de fabricarles camisitas de algodón a los pollos para que no se murieran de frío; su lengua madre era el nahuatl y hablaba poco español, sin embargo ¡entendía el canto de los pájaros!


Se percibía una suave paz mientras el pajarillo cantaba hasta que pasó un camión, de esos que recolectan desperdicios y basura; el ave simplemente se calló, supongo que emprendió el vuelo.

¿Saben? Sentí lástima de nosotros los citadinos, quizás de la humanidad misma: hemos preferido ser civilizados que conservar nuestro instinto, en un afanoso intento por no ser animales (ajá… seguro).


¡Ay Tatarabuela! ¿Por que no te conocí? Seguro me hubieras quitado lo analfabeta…